REVALUACIÓN Y CRISIS CAFETERA
La crisis cafetera se debe a varios factores, entre ellos la re valuación del peso y la de-valuación del dólar. El paro cafetero fue la respuesta de un sector que se siente abandonado por el estado, que padece un desequilibrio económico por los altos costos de la producción frente a los bajos ingresos que reciben por la venta del grano a nivel interno.
La mayoría de los pequeños y medianos caficultores están padeciendo hambre, enfermedades y miseria, por culpa de estas políticas económicas adoptadas por el gobierno, todo por responder a una política económica para que no estábamos preparados como país, una política globalizada, una política de libre comercio.
Miles de caficultores que protestaron en las carreteras del país durante doce días llegaron a un acuerdo por el que el Gobierno se comprometió a compensarles, sólo en 2013 y con un total de 800.000 millones de pesos, cuando el precio interno de venta del grano sea muy inferior al coste de producción. El acuerdo firmado contempla que el Gobierno otorgará a los productores un auxilio que se llamará "Protección al Ingreso de los Caficultores" (PIC) que será de 145.000 pesos para la carga de 125 kilos y se aplicará a todos los cultivadores. El tope para ese reconocimiento será de 700.000 pesos. Si eventualmente el precio cae por debajo de los 480.000 pesos, el PIC subirá a 165.000.
La
revaluación representa un exceso de oferta de dólares en el mercado, lo que
implica que los productores, comerciantes y exportadores reciban menos pesos
por cada dólar. La revaluación es un fenómeno macroeconómico que depende de múltiples variables como el aumento de las
exportaciones, principalmente de petróleo, el
incremento de las remesas, privatización de entidades estatales, aumento
de la inversión extranjera por el
mejoramiento de la económica y la seguridad interna, el déficit fiscal y el
lavado de activos entre otras. En el caso actual el problema de la revaluación del peso es consecuencia de la estructura
económica establecida por el Estado para aumentar la inversión extranjera,
garantizar la permanencia de la cifra de desempleo en un dígito, lograr la
confianza inversionista deseada y alcanzar la meta de crecimiento económico de
5 o 6% para 2013 y los años posteriores.
La
crisis cafetera se debe a varios factores, entre ellos la revaluación del peso
y la devaluación del dólar. El paro cafetero fue la respuesta de un sector que
se siente abandonado por el estado, que padece un desequilibrio
económico por los altos costos de la producción frente a los bajos ingresos que
reciben por la venta del grano a nivel interno. La crisis se ve reflejada en
las cifras: En 1993 Colombia producía 17 millones de sacos de café; el año
pasado fueron 7,6 millones. Países como Vietnam en el mismo período pasaron de
un millón a 22 millones, y Brasil, de 23 a 55. El año
pasado el precio del café cayó un 30% en la Bolsa de Nueva York y la carga, que
se vendía a $900.000, se fue de bruces y terminó costando $500.000.
El presidente Juan Manuel Santos es
consciente de la situación: “Todos
sabemos que existen dificultades en el sector cafetero...se bajó el precio
internacional del café en una forma bastante pronunciada y la producción en los
últimos 5 años ha sido baja;
esa combinación ha afectado el ingreso de los cafeteros”. Los líderes
agrarios exigen precios remunerativos del café, control de precios de
fertilizantes y abonos y solución a la deuda y embargos en los bancos. También
rechazan la importación del café y la minería en zona cafetera. A pesar de
éstas soluciones temporales, el problema sigue siendo de carácter estructural y
no coyuntural, es decir, son variables macroeconómicas sobre las que el estado
no tiene control alguno, por lo menos en el corto plazo. Porque la política
económica es un camino largo de cambios y transformaciones, y la que el país ha
adoptado ha sido la neoliberal, que nada tiene de nueva ni de liberal. Habría
otra solución y sería el control de capitales extranjeros, pero eso
significaría sofocar el sector del empleo que está siendo alimentado por estos
capitales, ya que el país no tiene el ahorro interno suficiente para poner en
marcha los proyectos que tiene el estado en mente.
La solución
temporal puede que de un respiro a los caficultores que andan en problemas con
embargos y con cultivos insostenibles. La pregunta es ¿y que viene después del
2013? El respiro económico les sienta muy bien, pero el subsidio no garantiza
el crecimiento del sector. Creo que la realidad es otra, que el gobierno es
como un papá que no se comunica con sus hijos, que cree que está haciendo todo
bien, que no espera retroalimentación, que no se sienta a planear a mediano y
largo plazo.
Es injusto
que se le haga esto a un sector como el cafetero, que ha sido el padre de la
modernización del país, que ha sido el que con sus impuestos ha pagado la mayor
parte del coste de la industrialización. Y si vamos a dejar de lado a uno de
los sectores económicos que más nos ha remunerado, entonces que va a ser de la
economía colombiana ¿solo importaciones? Risible. Por los caprichitos de
algunos administrativos que solo quieren estar a la moda vamos con el sector
primario del país en quiebra. Hay que esperar.
POR: Angélica Carvajal

