se hace necesario analizar la problemática que representa este tipo de programas en la sociedad colombiana en tanto la televisión se convierte en un texto que aporta la construcción de realidad y la reconstrucción del pasado. es decir, la novela deja de ser ficción para convertirse en un documento histórico.
Sabemos que toda sociedad tiene la necesidad de contar su historia, de mantenerla en la memoria. La pregunta es si es pertinente contarla en el género de la novela, porque es un género que se pacta con el público desde el principio que no es real, que es ficticio. Pueda ser que en el proceso de observar su realidad en un género poco real, los ciudadanos hagan una normalización de la violencia en el inconsciente, y así los productores en vez de colaborar con la correcta educación para la crítica, para la construcción de ciudadanía, estemos ayudando a la indiferencia, al olvido de las víctimas, al perdón de los verdugos, aliados de la corrupción. Si nuestra responsabilidad social como comunicadores es contar las historias del país, pues entones hagámoslo responsablemente, asumamos las consecuencias y dejemos muy claro quién hizo qué cosas, porque como dicen por ahí, “por tus acciones te conoceré.”
En las novelas es muy frecuente un fenómeno televisivo que se llama esquematización y que convierte a los personajes en seres ausentes de psicología y complejidad alguna, los vacían de significado y se convierten en signos o estereotipos, y a veces, en modelos a seguir.
Hay que tener en cuenta que a veces las personas que ven la tv no tienen la posibilidad, ni les interesa ahondar en esa posibilidad, de buscar información por otros lados, de contrastar información. Consideran que la televisión es una ventana a la realidad. El problema también radica en las escasas oportunidades de diversión y esparcimiento en la familia tradicional colombiana, en la que los noticieros y las telenovelas son los géneros más vistos y por lo tanto la tv el medio por excelencia. No podemos desconocer la autoridad de la tv como institución social, como educadora, como espejo de la sociedad, pero también como reconstructora de la realidad.
El mercado audiovisual es un
campo explorado y explotado por toda clase de comerciantes. No es un secreto
que es un mercado que maneja cantidades de dinero exorbitantes, y no tanto en
la producción sino en la retribución en pauta publicitaria. Además hay que
detallar el hecho de que la exportación de novelas es una línea muy fuerte en
este mercado, y que los productores colombianos se han especializado en los
últimos 10 o 15 años en este tipo de producciones.
Es necesario analizar cómo
influyen las dinámicas del mercado en una producción televisiva que pretende
representar la realidad, y sobre todo una realidad tan cruel, sangrienta y
corrupta como la del paramilitarismo y el narcotráfico en Colombia. El rating
es uno de los determinantes clave de las intenciones de los productores: si no
vende, no sirve. ¿Qué necesita una telenovela para que venda? Pues fácil, debe
ser entretenida. Pero entretenida en el contexto colombiano, amañado con la
cultural del narcotráfico, la ranchera, los lujos, las cirugías y la falta de
escrúpulos. Es una cultura introducida en los años 80, que trae consigo la
expectativa de la plata fácil, de la violencia y de las mujeres voluptuosas.
Es, como le dicen algunos, la cultura de los resucitados.
está muy clara la posición
amañada y maquiavélica de los productores de conseguir dinero a costa de lo que
sea, no les importa convertir la historia de miles de víctimas de los
paramilitares, de viudas, huérfanos, desaparecidos, de las masacres de pueblos
completos, de la alianza del ejercito con los bandidos, en una historia de
entretenimiento. Una historia de sangre convertida en entretenimiento. No sé si
sea una actitud premeditada de los productores el hecho de ser tan maquiavélicos literalmente, no les importa
los medios, solo el fin. Ellos quieren vender sus novelas, no importa a costa
de que.
Es necesario preguntarnos si
las ganas de plata de algunos pueden llegar a tanto como para que un
profesional de la televisión convierta una historia real en una historia
tendenciosa, con carácter novelesco, donde cambian los papeles de los buenos y
los malos. Una historia contada desde los asesinos transformados en héroes.
El problema está no tanto en
que la televisión pase narco novelas, la pregunta es ¿qué hace la gente con la
información que recibe? ¿será que contrastan la información recibida o se quedan con lo que la novela les contó?
"—Cuando
uno ve balaceras y todo, uno siente tanta emoción, que se quiere meter allá…
—Desde el principio uno siente que es el bueno, el que tiene las de ganar…
—Yo siento mucha energía cuando dispara…"
"—Uno dice: ¡Ay tan bacano ese man!, vea
cómo tiene de plata y nunca lo cogen…” (Adriana Villamizar
Ceballos* | Elespectador.com)
Este campo de los estudios investigativos de comunicación y medios se llama estudios sobre la recepción y una de las afirmaciones de estas investigaciones es que la tv es un discurso más. El problema está en que sea el único discurso recibido por algunos como los niños que citamos arriba que no alcanzan más de 12 años. Rafa Cely Ulloa en su columna de El Espectador “un país de caínes” cita a un experto de televisión que dice: “no sólo la violencia ha entrado en el inconsciente colectivo a través de las telenovelas o series sino que la gente toma como suyos los modales, la jerga o las acciones de ciertos personajes. A veces el guionista no se toma tiempo para reflexionar. Los personajes influyen en la gente, sobre todo en las personas sin elementos formativos.”
JUICIOS
DE VALOR
Por medio de otro fenómeno
llamado la polarización, se hace una reducción valorativa de los buenos y los
malos. Es aquí donde entra la discusión sobre los tres caínes, sobre el punto
de vista del director, porque como sabemos, los productores son los principales
mediadores de las telenovelas, reconociendo los mediadores como filtros de
información. Entendiendo la realidad como un todo que ha de ser percibido por
alguien, y que este alguien por medio de los conceptos previos, experiencias y la
renegociación de la información que entra al momento de la producción, en estos
casos los juicios de valor que se puedan dar desde la construcción visual,
semiótica e histórica de los personajes representados.
Y va más allá la discusión
cuando se hace sobre un tema real, una herida abierta como dice maría Elvira
Samper en su columna del 30 de marzo de 2013. El problema de esta novela en
específico es el tratamiento, a lo que se le llama el punto de vista narrativo en
la producción de televisión, es decir, desde quiénes contar la historia. A que
personajes involucra, a quienes acusa, cuales están vivos aún y de los que no
se puede hablar por falta de pruebas, etc. Aquí se habla poco de las víctimas y
mucho de los victimarios, como ensalzándolos.
Y es que además debería ser
una historia con muchísimos personajes, sobre todo el protagonista debería ser
la falta de ética con la que han obrado
las instituciones sociales como el estado, y sus cabezas, incluyendo
presidentes, congresistas, senadores, jueces, fiscales, etc. Además de la falsa
democracia en la que hemos vivido desde el frente nacional, donde la
participación de los sectores divergentes a derecha o a izquierda ha sido
mínima o nula, y los partidos políticos solo han sido la fachada de los partidos
tradicionales para conseguir más votos.
Concluimos entonces que de
ninguna manera los fines deben justificar los medios, y menos cuando se habla
de realidades tan profundas y delicadas que tocan susceptibilidades. Los
productores de tv tienen una responsabilidad social y deben asumirla, más allá
de si reciben plata o no, el problema radica en el tratamiento de la historia,
de los personajes, del respeto que merecen las víctimas y los hechos
históricos.
REALIZADO
POR: Angélica Carvajal

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